Se trata de una película alemana de cine mudo dirigida por Robert Wiene. Según he leído por la red, es considerado el primer film expresionista y, atención, la primera película de terror.

¿Por qué he decidido inagurar este blog precisamente con esta entrada?, muy sencillo; es una obra de arte que ha logrado tocar mi lado más difícil de sorprender. Esos decorados desiguales (propios del expresionismo), esos maquillajes con sutiles toques cadavéricos, los ropajes propios de la época, la banda sonora que tanto extremece desde el principio hasta el final, el encanto del cine mudo... pero sobre todo, la trama, ese argumento que te engancha desde el principio y no te suelta hasta el “FIN”, y el cambio radical y 100% sorprendente que sufre la historia en un momento dado.
Este tesoro ya ha pasado a entrar en el ranking de mis películas preferidas. Sólo queda deciros a los lectores (que por el momento seréis pocos o ninguno), que si sois amantes del cine de terror más clásico como yo, esta es una de las primeras películas que debéis ver y que merece ser vista, es una verdadera joya que, a mí personalmente, me ha cautivado.
¡Un saludo!
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